Cada vez hay más mujeres que explican, sin temor, a familia, amistades, compañeros incluso de trabajo, que tienen vaginismo.  Esto, hace años, era impensable. Pero todavía me encuentro con bastantes que no soportan la idea de que alguien lo sepa, tienen un miedo atroz a que se conozca “su secreto”.

Cuando les digo que se sentirían bien quizás hablando con su madre si hay buena comunicación entre ellas, me dicen que no lo harán, algunas porque si no se lo dijeron antes, creen que la reacción no sería buena, después de tanto tiempo. Otras por “no hacerla sufrir”. En realidad, la mayoría siente que es un tema muy íntimo, un tanto vergonzoso y se ven raras o casi culpables por tener la afección. ¡Lo ocultan! Pensemos que no solo se esconde la afección, sino el sufrimiento que conlleva, al no poderlo explicar. ¿Y qué pasa con todo lo que tapamos? Pues que “nos lo tragamos”.

Recuerdo la gran felicidad de una paciente cuando me contó que se lo había dicho a su madre: “¡Ha sido fantástico! ¡Qué bien me he sentido! ¡Me he liberado!”

Estas son las cosas que pasan si no lo cuentas:

– Sigue escondido para la mayoría de la población.  Por eso es normal que tanta gente no haya oído hablar nunca del problema.

– Nadie te puede ayudar.  Cuantas veces las amigas o las madres son las que orientan porque oyeron hablar o leyeron en algún lugar, sobre el tratamiento del vaginismo.

– Aumenta el peso del problema si lo guardas solo para ti.  Algo que ocultamos y no sale de nosotras, conlleva una presión difícil de gestionar.

– Puede ser que retrases la solución. Eso sucede cuando tu sola vas tomando decisiones y no recibes consejos. Es importante para nuestra salud que nos acompañen en los momentos difíciles.

– Prescindes de los grupos de ayuda.  Es sabido que el hecho de hablar con personas en tu misma situación, ayuda no solo en el proceso, sino en la actitud que tomas ante el tratamiento.

– Si tienes pareja, le transmites ese silencio y la angustia que conlleva la soledad frente al problema.

– No te sientes capaz de ayudar a otra mujer con vaginismo. Puede provocarte baja autoestima, el hecho de no poder compartir, para mejorar la visibilización del problema.

– Sientes una gran soledad, puesto que estás totalmente aislada, enfrentándote al vaginismo.

Estas son las cosas que pasan cuando lo cuentas:

– Colaboras en la difusión del vaginismo, promoviendo que cada vez haya más gente y más profesionales informados. Así se van a generar congresos, estudios clínicos e investigaciones.

– Puedes recibir ayuda de muchas personas que por casualidad (una noticia en prensa, TV,…) o por cercanía con alguien que lo ha padecido, hayan tenido información.

– Una vez hablas de tu problema, aligeras el peso, te sientes más fuerte y más capaz de llevar a cabo el tratamiento.

– Cuanta más gente lo sabe, más cerca estás de conocer dónde acudir y cómo tratarte.

– El pertenecer a grupos de ayuda, hace que te den sugerencias o trucos acerca del tratamiento y herramientas para mejorar o controlar tu actitud.

– Puedes compartir con tu pareja los logros de otras mujeres, dándole también esperanzas sobre el tratamiento.

– Refuerzas tu autoestima al ser útil, sobre todo en algo que ha representado tanto sufrimiento para ti.

– Estás acompañada de todos los que saben tu problema y se van a interesar por ti.

¿Qué te parece?  ¿Lo cuentas?  ¿No lo cuentas?

Si no eres capaz, pero quieres abrirte a la experiencia, sin pasarlo mal, sin dudas, sin miedos, ponte en contacto conmigo y lo solucionaremos.  Sé cómo hacerlo. Decídete a rebajar el problema, a relativizarlo, solo por el hecho de compartirlo. ¡Tú puedes !

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