Cuando acudimos a un profesional de la salud es porque tenemos un problema y para que nos ayude a solucionarlo. Necesitamos gente formada, con experiencia en su especialidad, puesta al día, que empatice con nosotras y que nos dé respuesta con un tratamiento o una derivación a otro profesional. Pero lo que no se espera es recibir un juicio personal.  No se debería, al margen de una profesión, emitir un posicionamiento moral, o un juicio de valores.  La persona que acude buscando ayuda, en ningún momento debería permitir que se la juzgue, ni por edad ni por género.  Las mujeres, casi ni nos damos cuenta de algunas valoraciones a las que estamos sometidas (es como si nos hubiéramos acostumbrado a las broncas del paternalismo) simplemente por nuestro género o edad y si bien hay frases del patriarcado, a las que sí reaccionamos en el acto, otras sin embargo nos pueden molestar, pero no nos provocan una reacción inmediata.  Es cierto que algunas veces, lo hacemos a posteriori pero no en el instante preciso, es decir, que aún necesitamos procesar.

El tema del vaginismo se presta a tales ejemplos de juicios, por parte de algunos profesionales y no tengo la menor duda de que no son la mayoría, por suerte para nuestra sociedad, pero cuando emergen, son tan terriblemente espantosos que causan un caos traumático a la paciente.

Casos auténticos que me han contado mis pacientes:

Paciente A.- Chica de 17 años acude porque no puede tener relaciones. Reacción del ginecólogo: “Me avergonzaría de ti si fueras hija mía”

Veamos qué ha sucedido:  Se ha juzgado a una chica joven por querer tener sexo. A un chico no se lo dirían.

La chica se sintió juzgada, avergonzada por un profesional al que había acudido pidiendo ayuda.  Dejó de ir al ginecólogo durante muchos años.

¿Cómo hubiera sido la manera correcta de proceder por parte del profesional de la salud?

“Tienes vaginismo primario y se soluciona muy fácilmente.  Necesitas una fisioterapeuta especializada.  Ánimo que lo solucionarás y eso es importante para tu salud y para tu futuro.  Por suerte eres muy joven y tienes una larga vida por delante para disfrutar y prevenir cualquier enfermedad ginecológica”

Paciente B.- Chica de 23 años consulta por vaginismo comprobado con una pareja fortuita y, el  médico le responde “Cuando te enamores, podrás”

¿Qué se ha juzgado en este caso? Dar por sentado que una mujer debe estar enamorada para tener sexo, que no está bien un coito esporádico. A un chico, no se lo dirían.

 ¿Cómo se sintió? Se sintió juzgada, molesta e impotente por no saber contestar como hubiera sido debido.  No volvió al ginecólogo en muchos años.

¿Cuál hubiera sido la respuesta acertada?  “Intento explorarte y si no podemos, tranquila que con fisioterapia lo solucionaremos pronto.  Te animo a comenzar esta terapia lo más pronto posible y así te ahorrarás malos ratos y estarás cuidando de tu salud”

Paciente C.- Mujer de 38 años, casada, consulta por dificultad reciente con el coito.  Respuesta: “Esfuérzate o tu marido se buscará a otra”

¿Cómo ha sido la respuesta? Amenazarla con que va a ser castigada, si no se porta bien con su marido. A un hombre no se lo diría.

¿Cómo se sintió?  Se sintió juzgada, no comprendida y amenazada. Durante dos años siguió con el problema sin saber qué hacer y temiendo perder a su marido.

¿Y la respuesta efectiva? “Probablemente sea debido a algún tipo de infección que hayas tenido.  Responde a mis preguntas y si es lo que pienso, se solucionará y podrás volver a tener actividad sexual con tu pareja, sin dolor. Te derivaré a una profesional especializada”

Paciente D.- Chica de 30 años acude por vaginismo, acompañada por su madre.  Respuesta del médico a la madre “Su hija fue violada sin duda cuando era joven.  Busque al culpable entre la gente cercana a la familia”

¿Qué hizo el médico?  Predecir algo que pasó sin tener pruebas de ello, provocar desconfianzas familiares, además de etiquetar a la paciente. Con un chico, eso no pasaría.

¿Cómo se sintió?  Esta chica se sintió hundida en la miseria, con un drama incipiente entre su madre y ella y con una situación muy vergonzosa, que estuvo presente durante años con su familia. Tardó años en poder solucionar su problema físico, pero el daño mental causado, fue terrible.

¿Qué hubiera ayudado como respuesta? “Es posible que tengas vaginismo primario.  Si no has te nido ningún tipo de abuso en la infancia, lo más seguro es que tengas una contractura en la entrada de la vagina y que no hayas tenido la habilidad de abrirla, porque nadie te enseñó.  Tranquila, confía en mí, lo vamos a solucionar con fisioterapia”

Paciente E.-  Mujer de 52 años no puede tener relaciones con su marido y acude por ello al médico.  Respuesta: ”Cuando una mujer se hace mayor, deja de interesarse por el sexo”

¿Qué hizo el profesional? Culpabilizar a la mujer por su edad. Esto no se lo dirían a un hombre.

Esta mujer se sintió humillada, herida en su autoestima e impotente. Me comentó que llegó a creer que el resto de su vida lo pasaría sin sexo y con sentimientos de culpa por ser mayor.

Hubiera sido eficaz que le dijeran, “Lo que te sucede es debido a la falta de hormonas.  Vamos a hablar de todas las soluciones que podemos encontrar y además, lo crucial será que hagas rehabilitación con una fisioterapeuta especializada, para devolver a tu vagina el confort que necesitas. Tranquila, lo solucionaremos”

Paciente F.- Chica de 30 años acude por vaginismo. Respuesta “Esto lo tendrás toda la vida porque está en tu mente”

¿Qué sucede con la respuesta? Diagnosticar la patología como un problema mental y encima asegurar que será eterna. A un chico no se lo dirían.

¿Qué le sucedió a ella? La chica diagnosticada con problema mental quedó hundida, sobre todo con la predicción de que sería una situación eterna. Lloró amargamente el primer día en mi consulta, pidiendo ayuda.

¿Qué le hubiera servido para sanar?  “Tienes vaginismo primario, seguramente. Vamos a hablar sobre si puedes introducirte el dedo o ponerte un tampón.  Explícame sobre tus experiencias sexuales y si la conclusión final es la que te he dicho y no tienes ningún tipo de trauma, con fisioterapia lo solucionaremos. No te agobies que tiene fácil solución”

Todas estas pacientes acudieron buscando soluciones y no solo no se las dieron, sino que se agravó su estado físico y emocional con las respuestas recibidas. Quizás nos hemos acostumbrado en gran manera a que sucedan estas cosas en el ámbito de la sanidad, en cambio no se da en otros sectores.  ¿Te imaginas pedir un servicio, del tipo que sea y que te respondan con juicios morales o con opiniones que no tienen nada que ver con el caso? ¿Y además que se queden tan anchos?

Antes de cerrar esta entrada, quiero añadir dos testimonios que hoy mismo me confiaron su experiencia. Son casos de respuestas de profesionales de la salud y que se suman a los anteriores.  A una paciente con vaginismo le dijeron “Tú eres una caprichosa.  No tienes nada” y a la otra , al no poder hacer la revisión por vía vaginal, se la hicieron anal y ante el ruego de ella de que por favor no se lo hicieran, la sujetó por los hombros la enfermera y le dijo la ginecóloga “venga, aquí mando yo”  La paciente me lo contó con los ojos llenos de lágrimas , confesándome que lo vivió como una violación y que va a recordar aquellas palabras de “aquí mando yo” toda su vida. Me da mucha vergüenza contar todo esto, como profesional de la salud que soy y porqué sé que afortunadamente, la gran mayoría, tienen educación y profesionalidad.  He pensado muchas veces si explicarlo o no, porque no es mi manera de ser dejar mal a nadie y hay compañeros maravillosos que no tienen ninguna culpa, que incluso dudan y se escandalizan ante semejantes barbaridades.  Pero quizás está bien que salgan a la luz estos comentarios, porque la verdad, es que son demasiados los que escucho en mi consulta.

Siempre he pensado que la magia que tiene un profesional de la salud es hacerte creer que “todo se arreglará” o expresar “te voy a ayudar a encontrar soluciones” o “vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos para que te sientas bien”. Necesitamos cuidados médicos y humanos.

Recuerdo que hace años tuve un problema con mi menisco y estaba hundida, necesitaba moverme para trabajar, para dar clases de danza, para estar atenta a las obligaciones familiares y creía que mi mundo se venía abajo con el dolor y la imposibilidad. No quería oír hablar de operaciones ni de reposo.  Acudí a mi traumatólogo, a aquel hombre risueño que aún llevaba pajarita por corbata y tras escucharme mirándome siempre a los ojos, me dijo “No te preocupes, yo te cuidaré” Fue tal el impacto de sus palabras en mí, que él mismo notó mi gran sensibilidad en aquel momento y me dijo “¿No me dirás que no te cuida nadie?” Le encontré monísimo y casi lloré de emoción.  Desde entonces valoro mucho ese aspecto de “cuidar”.  Muchas veces para sentirnos bien, además de la solución médica, un tanto por ciento muy alto radica en sentirnos cuidadas, en sentir que le importamos a alguien que nos quiere ayudar y que nos abraza con la mirada.  La profesionalidad es sabiduría y corazón.

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