No tengo hermanos, vengo de una pubertad sin madre (falleció en accidente de coche) y siempre quise tener hijos.  Tuve tres, sin problemas, quedando embarazada más o menos cuando quería, con partos  solicitados sin anestesia, para sentir los nacimientos y los límites de mi cuerpo. La mejor etapa de mi vida, sin duda.

Viendo la necesidad que había, hace 30 años, con la escasa ayuda a las mujeres que deseaban lactar y siendo yo misma víctima de una nula información en mi primera crianza, empecé a moverme hasta que conocí La Liga de la Leche de Francia.  Disfruté de los congresos otoñales en París y bajo esos cielos siempre grises, con los mismos grises a cualquier hora del día, descubrí las verdades y las mentiras de la lactancia materna.  Centenares de mujeres, ya monitoras, andaban de aquí para allá con sus diversidades y sus cachorros colgados en aquel entonces en los primeros pañuelos porteadores europeos.  Era tan bello ver a “señoras”, a chicas con rastas, a mujeres pantera con minifalda y de negro….!! Todas diferentes y todas unidas para ayudar a las madres de Francia y del mundo, a dar el pecho, si eso era lo que deseaban. Fue una vivencia tan amplia y clarividente que creé La liga de la leche en Cataluña.  Catorce años, haciendo reuniones con madres y bebes, formando a monitoras y acogiéndolas, organizando reuniones, asambleas, siendo presidenta, respondiendo 200 llamadas telefónicas al mes, siendo la representante de las madres lactantes en el Comité Nacional  Baby Friendly Hospital, me formé como evaluadora de hospitales y seguí enganchada hasta la actualidad, al mundo de las madres, de las mujeres que quieren serlo, de las que no pueden, de las que luchan por ello.

Trabajé paralelamente como fisioterapeuta, en el mundo de la preparación al parto y del posparto, también unos 15 años seguidos, en una clínica muy conocida de Barcelona.  Es decir que estaba rodeada de mujeres con embarazos, con bebés, con duelos, con sufrimientos y alegrías, con unas lactancias rebeldes y otras satisfactorias, con profesionales amigos y otros hostiles hacia el tema. Y ahí estaba yo, criando hijos también.

Ahí sigo enganchada a ese sentimiento amoroso de la maternidad, perfecto e imperfecto, pero es el más potente que una mujer puede sentir cuando le aflora y el más desgarrador si no puede serlo.

Imaginad qué sucede cuando una mujer  llega a los 40 años, sin haber tenido una penetración, es decir, con vaginismo primario. Os cuento el periplo que ha recorrido, por un lado psicólogos o  sexólogos y ginecólogos que sobretodo no han sabido qué hacer con su afección.  Cuesta cambiar una creencia y si has estudiado que el vaginismo se cura con terapia psicológica, remites sin dudas. Por otro lado la mujer busca sin cesar soluciones, y de vez en cuando tira la toalla, porque no puede ya más.  Su vida familiar, profesional, debe sobrevivir a esa emoción de culpa y rareza que la domina. Y esa mujer quiere ser madre, así que cuando termina el tratamiento de fisioterapia, con muy pocas sesiones, comienza a buscar embarazo, con prisa y sin pausa. Curiosamente más fanática todavía, es la que no quiere serlo mientras tiene la afección, pero cuando se siente libre para quedar embarazada te dice “ahora siento que sí quiero ser madre, y lo quiero fervientemente”

He pasado de vivir momentos preciosos con pacientes que pueden tener sus primeras penetraciones, a ser partícipe de sus angustias, por no quedar embarazadas a los pocos meses. Algunas quedan pronto y lo pierden, otras se someten a inseminaciones y según cómo están sus óvulos, van directas a las fecundaciones in vitro. Otras, llegan a quedar embarazadas y tienen a sus deseados bebés. Es toda una miscelanea,  una paleta de colores, un cocktail de sabores a la vez, un prado repleto de flores de mil colores…real como la vida misma.

Nadie dijo que la vida fuera justa, no lo es, para nada. Esas mujeres que ya han pasado por un camino angustioso de vaginismo, se merecen al menos poder quedar embarazadas ante su inminente deseo, pero a menudo, su edad difiere del porcentaje ideal de óvulos para que les resulte fácil. Por suerte la tecnología puede ayudar en esos procesos y en muchísimas ocasiones lo consigue.  Es genial!!

Todas estas mujeres en lucha, para conseguir que su cuerpo responda con la normalidad que se requiere a un cuerpo femenino, en edad de reproducción, siguen trabajando, amando, leyendo, escuchando podcasts, apuntándose a cursos on line, haciendo yoga, participando en clubs de lectura, viendo series, haciendo cenas para los amigos, cuidando de sus padres, hermanos y sobrinos … viviendo en una palabra, pero con un agujero en su interior.

Después de toda mi larga experiencia en el mundo de las mujeres en etapa maternal, que es muy amplia y coincide con la mía propia, creo poder estar en una situación de empatía hacia los sentimientos de las mujeres, en un lugar desde donde informar sobre las posibles soluciones, capacitada para ofrecer recursos emocionales, para resignificar las frustraciones y hacerlas llegar a quienes las necesiten y ser poseedora de algo que me ha sido regalado, como una lluvia benefactora, premio o consecuencia de mi trayectoria profesional, día a día.  ¿De qué estoy hablando? De conocer a miles de mujeres, así que, igual que hago con el vaginismo, puedo ofrecer contactos con madrinas, mujeres empoderadas a base de vivencias potentes sobre la maternidad, miradas diferentes que pueden acompañar a las nuevas o veteranas heroínas.

Vamos a organizar encuentros bajo el paraguas de “Maternidades después del vaginismo” y creo que es la manera más respetuosa de tratar este tema colectiva e individualmente. Es un proyecto que me hace vibrar, o sea que lo siento de la mejor manera para llevarlo a cabo con éxito.

Se aceptan participaciones activas, pasivas, presenciales, mentales, de acompañamiento, de logística…de todo tipo!!!!  Que mucha es la necesidad en la tribu! Se me pone la piel de gallina imaginando tanto amor, generosidad y comprensión.  Bienvenidas, bienhalladas !!!!

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