Hay chicas que cuentan con su madre a la hora de buscar soluciones, por ejemplo, si no pueden ponerse un tampón o no pueden tener relaciones sexuales. Otras en cambio, nunca lo explican y según dicen, mucho menos a su madre.  ¿Los motivos?  Que en su casa son muy cerrados a la hora de hablar del sexo, que no tienen una buena relación con su madre, que su cultura les prohíbe tener relaciones sexuales antes del matrimonio o que no las quieren preocupar.

Pero las que se atreven o deciden contarlo, en muchas ocasiones se encuentran con un gran vacío, con una respuesta ambigua que parece quitar importancia a lo que les está pasando y desde luego, muy lejos de ofrecer la ayuda que necesitan. ¿Qué argumentan estas madres? Pues que estén tranquilas, que con el tiempo lo superarán, que son los nervios de las primeras veces, que una mujer a la larga siempre puede y ellas también podrán, que les falta tener más confianza con la pareja o estar más enamoradas y que con la edad se supera el dolor, vamos, que es normal sentir molestias al principio.

Suele pasar que después de esta primera confidencia, se corta el diálogo. Nunca más las hijas les vuelven a decir algo al respecto y las madres nunca más sacan el tema. Qué raro parece, ¿verdad? Pues la mayoría de veces, es así. Cuando les pregunto si lo han explicado a alguien, suelen decir que no y si les insisto respecto a su madre, contestan que lo hicieron en un principio, pero como no obtuvieron ninguna ayuda, dejaron de hablarlo. Pero y las madres ¿cómo es que no vuelven a preguntar nunca más?  Si se tratara de una enfermedad, de una dolencia, de cualquier otra cosa, lo harían ¿verdad? “¿Cómo te encuentras de la rodilla? ¿Has vuelto al médico? ¿te sigue molestando el hombro? ¿Ya vas a rehabilitación?” Pero el sexo, la sexualidad sigue siendo tabú y hablar sobre ello requiere que previamente, la relación sea de auténtica confianza. No se puede empezar con este tema del vaginismo así de repente, o quizás sí.

Las madres, mujeres al fin y al cabo, que no tuvieron las facilidades ni la información que tenemos hoy en día, creen que es una situación normal, quizás porque a ellas también les costó tener una penetración confortable o saben de amigas que les pasó, y no reaccionan ofreciendo una ayuda directa, como sería por ejemplo, buscarles una fisioterapeuta de suelo pélvico especializada en vaginismos.  No saben que esa imposibilidad tiene un nombre que es vaginismo, que es una afección y que tiene solución.  Las hijas, más acostumbradas a buscar por internet, sí que buscan soluciones.  Entonces, durante el proceso de tratamiento, no les dicen a sus madres que están asistiendo a sesiones para solucionarlo y nunca más hablan del tema.

Este sería un panorama muy habitual, aunque es cierto que algunas madres de chicas jóvenes, de 16 a 19 años, las acompañan a las sesiones y las costean. Siempre doy la oportunidad de que entren a la sesión, pero la mayoría de veces, las hijas prefieren hacerlo solas.   Yo intento hablar con estas madres en algún momento y les explico cómo he visto a sus hijas, lo que hemos hecho en la sesión y qué pasos vamos a seguir. Les comento que es muy habitual, que es una suerte acudir ya tan jóvenes y que así se ahorrarán muchos años de sufrimiento. Sé que lo agradecen.

En mi libro El Silencio Pélvico, escribí que uno de mis deseos sería que las madres de chicas jóvenes que no pueden ponerse tampones, se disculparan de un encuentro con las amigas diciendo “no puedo venir hoy que acompaño a mi hija a fisioterapia, porque no puede ponerse tampones” Así empezaría la normalidad, la visibilización del vaginismo y espero que no pasen demasiados años más, para que suceda.  

El tema de las relaciones personales es complicado, pero me gustaría mucho que las madres supieran de este problema, de su realidad y entonces se involucrarían independientemente de que fuera un tema relacionado con la sexualidad. ¿Cómo lo puedo conseguir?

.- Si  no hablan con sus hijas ni con amigas de este tema.

.- No suelen estar en Instagram, con lo que no tienen acceso a la información.

.-No podemos llegar a través de las hijas si no se lo dicen.

Lo tengo complicado, ¿verdad?  ¿Me puedes ayudar?

Creo que es importante que las chicas adolescentes que no puedan ponerse un tampón después de cierto tiempo de intentos repetidos, lo digan a sus madres y si tuvieran la información correcta, podrían argumentar que lo ideal es solucionarlo cuanto antes mejor. Hace años, les decían a las hijas el día antes de la boda, que les dolería pero que aguantaran, como hacían todas las mujeres, tratando así in asunto muy serio, como de pasada y sin profundizar en nada.  Igual sucedía con el tema de la menstruación, que no les hablaban de ello hasta que les venía la regla.

Algo que propongo sería ofrecer la posibilidad de que las madres hablen conmigo, para poder explicarles qué sucede cuando una chica sufre vaginismo, las repercusiones que puede tener y sobre todo que si no se hacer tratamiento, puede durar toda la vida. Si además alguien de la familia las acompaña en el proceso, animándolas, por ejemplo, o simplemente entendiendo que necesitan privacidad en su habitación, pueden hacerles el camino mucho más sencillo.

Puedo asegurar que el efecto que produce decírselo a la madre, es muy positivo.  He conocido a muchas chicas que después de hacerlo, me dijeron que experimentaron una sensación de alivio y bienestar. Parece ser que “la mochila” se aligera cada vez que hablan de su problema. Y esto se puede extrapolar a amigas y hermanas.

Otro detalle importante es que explicarlo a las amigas, puede que no haya sido demasiado efectivo, dado que muchas veces ni lo entienden ni saben qué decir, salvo que tengan paciencia y que se relajen, que en algún momento se solucionará. Por lo que este nefasto resultado las frena también a la hora de atreverse con la familia o con la madre concretamente.

Así que todo apunta a que necesitamos que se hable más, que se vea más y normalizarlo, siempre que podamos. Si lo seguimos escondiendo, va a costar mucho conseguir resultados. Son pequeños pasos que podemos dar, cada una desde nuestro lugar.

Tenemos que ser valientes, pensando en “catedral” es decir, a lo grande para ser unas buenas antepasadas del vaginismo. Está en nuestras manos en el momento presente, el que estamos viviendo, dar pasos agigantados para conseguir que el vaginismo disminuya todo lo más posible.

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