Me ha sucedido muchísimas veces que he tenido que parlamentar muy seriamente con alguna de mis pacientes, para desmontar el muro que tienen delante, totalmente inexistente.  Os voy a contar dos ejemplos muy válidos.

Una chica vino la semana pasada de Sudamérica para que la reconociera, le diera mi opinión y poder dejar atrás su vaginismo. En 4 sesiones pudimos avanzar con sus dilatadores y llegar a usar el máximo con soltura, incluso el último día pudo usar uno de cristal XXL, de tamaño considerable, que incluso cuando lo vio me dijo “`parece un cohete”. Los aparatos que usamos dieron los máximos exponentes de dilatación y pude hacerle el masaje con dos de mis dedos, sin problemas. Al despedirme le dije “Ya no tienes vaginismo” y me contestó “ya, pero yo no me siento curada, una cosa son los dilatadores y otra es pensar en un pene”. De nuevo vi la necesidad urgente de centrarla en su realidad y desmontarle su muro de naipes. “Vaginismo es la imposibilidad de penetración vaginal”- le comenté- “y tú ya no lo tienes, no tienes vaginismo”. “¿Tienes algún problema con los chicos, con los penes?”  “No, no” – me contestó. “Solo que no me veo capaz de hacerlo en directo”. Vamos a ver, le dije ¿por qué crees que no vas a poder?  “Pues porque yo no estoy todavía lo suficientemente dilatada y me dolerá y no me dejaré”

Es muy curioso que, aun teniendo delante una verdad como un templo, la creencia de que nunca se ha podido, pueda más que la realidad. Tuve que desmenuzar sus sensaciones, su evolución en el tratamiento, comparar el antes y el después y aun así, creo que le va a costar, creerse a sí misma.

Vamos a ver G., hace un tiempo, no te entraba nada en la vagina, ni un tampón cuando lo hubieras necesitado. Has estado haciendo un trabajo de dilatación, de hidratación, de conocimiento de tu cuerpo, hasta conseguir un confort vaginal incluso con algo muy grande dentro. Hemos comprobado con mi aparatología, que tu tono ha bajado y que tu dilatación es máxima. Te puedo hacer masaje con dos dedos planos sin que te moleste.  Ya no tienes vaginismo y si te molesta un poco la primera vez de tu coito, será por falta de práctica y de tu propio temor en ese momento.  Ten por seguro que, si te dejas llevar por la excitación, será un éxito, ya que la vagina en esa situación se ensancha y se alarga. ¿No es suficiente para que te lo creas? Me miraba con unos ojos grandes y pensativos. Escribe todo eso en algún papel, léelo cada día, ponte notas por las paredes, dilo en voz alta… ¿ok? Y recuerda que cuando practiques la penetración, puede ser que la primera no sea genial, o quizás sí y que necesitarás unas 10 penetraciones para adquirir la práctica necesaria para que sea fluida. Nos reímos mucho en la última sesión y el abrazo fue un exponente de complicidad.

Espero que me escriba pronto desde su tierra, para darme noticias muy buenas sobre su situación. ¿Queda claro el mensaje? Puedes y no te lo crees.

Otro ejemplo ha sido hoy mismo en una sesión online con una chica del sur de España.  Habíamos hablado hace tres años debido su vaginismo, quedó embarazada y ahora tiene una hija de 2 años y medio.  Me contactó de nuevo porque en pocos días estaba citada para hacerse una citología y no se sentía capaz.  Era tan grande su nerviosismo que la preocupación la dominaba hacía muchos días.  Su realidad actual era la siguiente:  ya tenía relaciones con penetración y se podía poner sus dilatadores, aunque el de mayor tamaño le costaba un poco.

Indagando entre sus miedos, pude descubrir que, en su parto, las experiencias sobre los tactos vaginales, fueron terribles.  Cinco personas la exploraron sin demasiada delicadeza, aunque ella insistía en que por favor no lo hicieran, por su problema de vaginismo.  Se sintió muy mal y quedó traumatizada, de tal modo que pensar ahora en una revisión ginecológica la aterrorizaba. Me pedía ayuda para poder sobrellevar esa próxima cita, preguntaba qué debía hacer y qué ejercicios eran más aconsejables. 

De nuevo tuve que centrar en la realidad a la persona, refiriéndome a cómo estaba su cuerpo actualmente. Le hice ver que hacía dos años y medio, para nada estaba como en la actualidad, que ya puede incluso tener penetraciones sin problemas y estuvimos comentando las diferencias, aunque ella seguía resistente a la exploración indolora.  Mis consejos fueron que hiciera sus ejercicios antes de ir, si eso la tranquilizaba, pero que sobre todo llevara su kit de dilatadores para mostrárselos a la ginecóloga. No es lo mismo decir “he tenido vaginismo” que enseñar el dilatador grande que puedo usar.  El profesional puede entonces saber qué puede hacer y hasta dónde puede llegar con la exploración.  En estos casos, puede sentirse tranquilo, sabiendo que va a poder realizar la prueba. Otra cosa importante, creo yo, es pedir a la ginecóloga si se puede poner ella misma el aparato de la ecografía, ya que eso da confianza y tranquilidad.  Generalmente siempre acceden y la situación da un giro hacia la fluidez.

Me envió un audio después de la citología, diciendo que había ido perfectamente, que no se enteró de nada, que no fue desagradable en ningún momento y que me agradecía mucho el acompañamiento en la sesión. No me sorprendió que fuera bien, personalmente lo tenía muy claro, solo hacía falta que ella también se lo creyera.

Y estos dos casos recientes, son la muestra de otros tantos que he vivido, similares. La conclusión es muy sencilla: en algunas ocasiones se duda de la realidad y es necesario que otra persona nos la haga ver y que nos pongamos las gafas de cerca.