Después de tantísimo tiempo dedicado al vaginismo, puedo llegar a una serie de conclusiones, que las baso en mi experiencia.  Cuando una chica o una mujer acude a un médico pidiendo ayuda para su vaginismo, puede ser que encuentre una respuesta totalmente fuera de lugar, desde el punto de vista científico, es decir “estás nerviosa” “puede ser que tu chico no te ponga” “todo está en tu mente” ”mira de relajarte” “tómate una copa de vino o un gintonic” “necesitas un psicólogo” “nunca te vas a librar de esto” … y así se recibe la notificación de una afección e incluso de su solución, todo a la vez. O sea, el diagnóstico y el tratamiento entrelazado. Vemos pues que para nada se trata de algo científico, son elucubraciones basadas en teorías falsas, pero lo más grave es que un profesional de la salud sugiere soluciones tales como el alcohol, la aceptación de un problema sin solución o el peso de la culpabilidad, por no ser “normal”. Vamos a ponernos en la piel de esa mujer que acude al profesional, al ginecólogo, porque no puede hacerse una revisión, no se puede poner un tampón y no puede tener penetración. El médico intenta hacerle una revisión, a pesas de que ella ya le ha dicho que no va a poder es ahí donde le lanza todas esas respuestas a su problema, junto con ese tratamiento que para nada está en una receta.  No es un medicamento, no es fisioterapia, quizás como mucho, terapia psicológica.  ¿Por qué cuesta tanto aceptar que una contractura en la entrada de la vagina sea la causa del vaginismo? Eso sí estaría basado en la ciencia.

A lo largo de mi vida profesional, he podido comprobar que lo que peor se lleva es la falta de diagnóstico.  No importa lo que te digan que tienes si tiene nombre, bueno sí que te puede importar, pero si sabes lo que tienes, es mucho más fácil entenderlo y sobre todo ponerle solución. Si tienes algo que con cirugía se puede arreglar, si lo tuyo depende de una rehabilitación, si con medicamentos puedes empezar a paliar los síntomas o incluso a hacer que desaparezca la causa, hay esperanza.  Pero si de entrada no te dicen demasiado específicamente lo que te sucede, más bien te meten en un saco lleno de causas que no reconoces, te empiezan a tratar como a una niña pequeña, te dejan caer que tienes problemas psicológicos y la solución que te dan es tomarte una copa de vino, no hay manera de sobrevivir a la experiencia.  Cuando una mujer sale de esta consulta, emocionalmente está hundida porque no sabe lo que tiene, ni por qué lo tiene, ni cómo solucionarlo.  Ella había acudido a un profesional en busca de ayuda científica y salió de allí con un gran desorden en su cabeza y con las emociones desbordadas. Sin futuro, sin solución, a la deriva.

Si nos duele la espalda, después de que el profesional vea la clínica de ese dolor, nos va a  proponer unas pruebas y según los resultados, tendremos un tratamiento o bien medicamentoso, o de rehabilitación con fisioterapia o de cirugía. Lo mismo si nos duele el hombro, el codo, el cuello, el oído, el abdomen… para cualquier dolencia hay teóricamente una explicación, tras haber verificado la causa con una serie de pruebas científicas y por lo tanto con el resultado de un tratamiento efectivo y contrastado.  

A continuación, describo una serie de frustraciones debidas a la falta de diagnóstico científico: El hecho de no conocer ni el origen, ni el tratamiento, ni la solución en el tiempo, fomenta la ansiedad, la desesperación y la impotencia.

Al no saber cúal es la causa. “Yo no sé lo que tengo”

Al no saber cómo solucionarlo.  “No sé qué debo hacer”

Al no saber si tiene solución.  “Toda mi vida estaré así, seguramente”

Al pensar que solo ella tiene esta afección. “No conozco a nadie con este problema”

Al escuchar soluciones totalmente increíbles “¡Pero si no me gusta el vino!”

Y estas inseguridades dan pie a una serie de actitudes nefastas para la resolución del vaginismo:

Abandonar la búsqueda de la solución, es algo muy frecuente, es decir, dejarlo aparcarlo, no pensar de una manera consciente en el problema, como si no importara.

Caer en una baja autoestima, ya que si la solución está en que haga algo por mi cuenta y soy incapaz de hacerlo, no valgo nada.

Abandonar la idea de tener pareja, porqué, aunque haya aparecido una nueva persona, prefiero borrarla de la lista, ya que sé que no podré tener una relación completa y será como cada vez, una frustración.

Dejar de pensar en la maternidad, ya que es una utopía, pues no solo no es viable una fecundación natural, sino tampoco una inseminación o una in vitro, ya que no pueden explorarme.

Odiar el sexo es lo que siento en la actualidad. ¿qué me aporta? Dolor físico y mental. En cambio, si no existe en mi vida, viviré mucho mejor. ¡Qué angustia pensar en él!

Y es así como se siente una mujer que no ha sido tratada desde un punto de vista científico.

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