Una de las motivaciones fuertes para terminar con el vaginismo, es la de poder hacerse revisiones ginecológicas.  Es muy importante poder ir al ginecólogo y realizarse las pruebas necesarias que acrediten tener una buena salud a nivel de genitales externos e internos, libres de infecciones y de otras patologías. Y si no fuera ésta la primera motivación que lleve a buscar soluciones, debería serlo.

Los pasos en el tratamiento van consiguiendo éxitos visibles y objetivos, como sería el primero, por ejemplo, ponerse un tampón. Suelen celebrarlo como una primera etapa, que además les aporta libertad, normalidad y muchísima felicidad.  Los mensajes que recibo explicando este acontecimiento son muy bonitos y están llenos de una fuerza, que les llevará a seguir practicando, para llegar a su meta final. ¡Primer paso conseguido!

Los temores a ir al ginecólogo son muy evidentes y se manifiestan ya en nuestra primera sesión.  La mayoría de ellas ya lo han intentado, ya fueron al médico y guardan un recuerdo muy amargo, tanto del impedimento físico evidente, como de las palabras o las actitudes de los profesionales. Se han sentido muy vulnerables, incapaces, y con una autoestima de lo más arrasada. Entonces, todos los anclajes visuales que han hecho con cualquier cosa del entorno de un espacio ginecológico, les pone en alerta roja y las predispone al nerviosismo. Y estas cosas son: las perneras de la camilla, el ecógrafo e incluso el hecho de tumbarse les hace sentir desprotegidas. Por eso muchas chicas quieren ponerse los dilatadores, o hacerse el masaje, sentadas, porque no se sienten tan expuestas. Es decir que ya el hecho de subir a la camilla, hace que se les disparen todos los mecanismos de alerta, aumentando así su inseguridad.  Cualquier cosa que haga el terapeuta, como ponerse un guante, coger un bote de aceite, ir o venir por la consulta, es seguido bajo unas miradas inquietas que dicen ¿qué me vas a hacer? Deben saber a priori, que en la primera exploración se llegará hasta donde ellas quieran, que es una manera de empezar a saber cual es su grado de tolerancia a la exploración, incluso la superficial, es decir de palpar simplemente labios y entrada, de tomar confianza con la terapeuta y de conseguir que ese primer paso sea la base para poder continuar el tratamiento. Siempre les digo que incluso todo gran viaje comienza con un primer paso, ya cuando sales de casa al rellano de la escalera, con tus maletas.

Hemos visto pues, algunas de las cosas que deberán superar para ir a hacerse su primera revisión ginecológica, que será sobre todo tener CONFIANZA, confiar en el entorno de la consulta, en los profesionales y en su capacidad de respuesta a la exploración, tanto anímica como físicamente.  Una mujer que puede introducirse dilatadores grandes, también un vibrador, que puede hacerse masaje en la entrada de la vagina con un buen aceite hidratante, que conoce su respuesta de normalidad ante la exploración de la terapeuta, es la candidata ideal a hacerse una revisión ginecológica con tranquilidad.  Y aunque siempre nos cause respeto, a todas, esa visita, no impedirá el buen desarrollo de la misma y que se puedan cumplir todos los requisitos, para obtener información sobre la salud. La tranquilidad al salir de esa consulta, es total y absoluta. 

Así que vamos a revisar los pasos necesarios para convertirnos en una mujer normal (esto me lo han dicho muchas veces) como otra cualquiera, que puede ir a la consulta del ginecólogo sin despertarse la noche antes, ansiosa y amanecer con toda la confianza del mundo.

Para mí, la base está en las exposiciones. Irse exponiendo de forma gradual a todos los pasos del entrenamiento, haciendo los deberes diariamente, dedicando el tiempo necesario para que se pueda avanzar.  Poco a poco pero sin pausa e incidiendo en lo que más cuesta. 

El acercamiento a los genitales debe ser absoluto desde el primer día, así que mirarse en un bonito espejo, será el primer gesto para comenzar. Una vez hecho esto cada día, separaremos los labios con los dedos, para poder ver la entrada y en ella vamos a poner aceite hidratante, masajeando con nuestro dedo, haciendo una U o una media luna, durante unos minutos.   Después, el primer dilatador de nuestro pack se irá deslizando en la entrada, jugando en ella, entrando ni que sea unos pocos centímetros, mientras el cuerpo se relaja y confía. Y así dilatador a dilatador, con masaje antes y cada vez que se introduzca uno de ellos. Las balas vibradoras van muy bien para relajar el introito, adormeciendo las sensaciones y predisponiendo al trabajo posterior. Terminaremos con el masajeador interno o vibrador, en modo de ritmo discontinuo, unos minutos, dejándolo en el interior de la vagina, sin moverlo.

Así que repasemos nuestra rutina y nuestros logros, para saber que ya podemos tener una primera revisión ginecológica.

.-Mirarse la vulva con un espejo y llegar así a conocerla. Saber cual es su color y su forma.

.-Separarse los labios con los dedos (da igual que sean grandes o irregulares, todos son “normales”)

.-Masajear la entrada con el dedo y aceite hidratante

.-Introducir los dilatadores de forma progresiva. Si alguno se existe, lo dejaremos quieto unos minutos, en método pausa, relajando la zona. Empezar siempre con el número 1 y alguna vez, ir directas al grande. Hay mujeres a las que les preocupa no poder ir directas al grande, pero daros tiempo.   

.-Introducir un vibrador

Entonces, debemos tener claro, que si se dan todas esas premisas, si podemos introducir ya dilatadores grandes, si no nos molesta el dedo en la entrada, si somos capaces de pensar en esa revisión, con la confianza de que es una ayuda para nosotras y no un mal rato, es que estamos preparadas para una revisión.

Así que fuera temores, confía en las evidencias, en tus propios logros y concierta tu cita. Todo apunta a que es ya tu momento. Pero sobre todo recuerda un par de cosas:

.-Si algo te cuesta, insiste en ello más que con otra cosa.

.-Tu revisión ginecológica es muy importante, es supervivencia .

Eres una campeona si ya has llegado hasta aquí.  Tú ya no tienes vaginismo. Y si te falta un poco, insiste, porque tú puedes conseguirlo.

Eso es algo que muchas mujeres deberían repetirse a diario, llegado este momento. “Ya no tengo vaginismo”

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