La mujer que sufre vaginismo suele tener una serie de complejos que van desde sentirse inferior al resto de las mujeres, a verse menos atractiva, a creerse que está desprovista de armas de seducción, a sentirse en deuda con la pareja, a creerse culpable de lo que le pasa, a necesitar esconder su problema para que no la juzguen, a rechazar ya mentalmente cualquier inicio de relación por temor a no estar a la altura… Y así podríamos estar citando algunas cosas más, algunos frenos que no las dejan vivir plenamente la mayoría de facetas de su vida, incluso la profesional, que aunque no tenga nada que ver con la afección, diríamos que siempre se sienten en inferioridad de condiciones, estén donde estén y hagan lo que hagan.

Pero al margen de cómo se sienten las mujeres por sí solas, muchas están acompañadas de parejas de largos años y otras conocen gente nueva a la que les explican o no su problema. Y me he encontrado con historias de compañeros y compañeras maravillosos, que se han implicado en el tratamiento, que han valorado los esfuerzos que ellas hacían, con el convencimiento de que un día no muy lejano, se solucionaría. Resulta muy ventajoso estar con alguien que te inspira confianza y que te acompaña emocionalmente.

Pero las mujeres con vaginismo, no siempre se han sentido comprendidas o atendidas en su proceso.  Existe violencia de género hacia muchas de estas mujeres, tal y como nos cuentan en las sesiones.  Lo curioso es que están tan acomplejadas por su sentimiento de culpa, que ni siquiera se dan cuenta del tamaño de la agresión o peor aún, ni la consideran así. A menudo cuando les digo ¿te das cuenta del maltrato hacia la condición femenina? Me miran con los ojos muy abiertos y dicen algo así como “no lo había pensado de esta manera, tienes razón” “siempre he pensado que la culpa es mía” Y yo siempre contesto ¿te imaginas que ese chico te comentara que tiene algún problema físico, pero que está en vías de solucionarlo? ¿Dejarías de verle, sin más? O si se lo explicas a tu nueva chica, te asedia con querer introducirte juguetes y te dice “no pasa nada. Ya verás como lo tuyo es mental.

A continuación, escribo recuerdos de casos que me han contado con gran emoción:

  • Le dije a un chico con el que empezábamos a salir, que no podía tener relaciones con penetración, pero que me estaba tratando el problema con una fisio. Al día siguiente ya no me llamó más. Al cabo de unos días le llamé yo, no contestó pero me escribió un mensaje diciendo que lo sentía, pero que no estaba enamorado. ¿Enamorado?  ¡Solo habíamos salido dos veces!
  • Después de 1 año de estar con una pareja, me dejó tras una fuerte discusión en la cama, debida al dolor que sentía yo con la penetración y que él no entendía.  Me dijo que era todo cuento y que nunca me importó lo mal que él lo pasaba.
  • Mi nuevo acompañante, al notar que tenía ciertos reparos en nuestra primera vez, me preguntó – ¿eres de esas raras que no quieren sexo? Pues mira chica, aquí te quedas, no voy a perder el tiempo.
  • Cuando le pedí a mi pareja que me ayudara en el entrenamiento del vaginismo, es decir, con el masaje y los dilatadores, me contestó que eso era cosa mía, que era mi problema.
  • Hace poco salí con un chico, le había contado sobre mi problema, en verdad creí que me podía ayudar a solucionarlo. Sin embargo, solo me terminó de hundir, me destrozó el corazón, pero seguíamos hablando y le propuse tener sexo, el accedió. Fue un encuentro totalmente horrible, le dije que me dolía mucho, nunca se preocupó por mí, quiso solo satisfacerse. Se molestó, me dijo palabras hirientes. Creo que nunca podré olvidar ese momento tan doloroso de mi vida.
  • Llevo muchos años viviendo con el que hoy es mi marido. Nuestra vida sexual nunca ha sido normal, según él, el sexo no era igual que con otras mujeres que había estado. Los primeros años estuve lidiando con el sexo, las relaciones me resultaban muy dolorosas y se llegaron a convertir en una obligación para mí, yo las evitaba y cuanto más las evitaba, más difíciles se hacían, hasta el punto de que la penetración fue completamente imposible y el pene se quedaba en la entrada de la vagina. Mi marido estaba siempre muy enfadado y frustrado hasta el punto de que decidió dormir en habitaciones separadas. 

Después de escuchar estos casos, que ni mucho menos son todos los que hemos conocido, no hace falta demasiado estudio de la situación para sacar conclusiones rápidas y ciertas. Se ridiculiza a la mujer por una afección, se la abandona también por ello, no importa su dolor físico con tal de satisfacerse el apetito sexual, se la agrede con palabras hirientes… es decir que sí hay violencia de género en el vaginismo.

Si la has sufrido, cuéntanos tu testimonio, para que todas sepamos de los maltratos que sufren nuestras compañeras, así la próxima la mujer estará atenta y reaccionará con rapidez y sobre todo sin sentirse culpable, muy al contrario.

Recordemos también que un profesional de la salud que ridiculice lo que sentimos con el vaginismo, diciendo que nos tomemos una copa de vino o que a lo mejor es que no estamos enamoradas de la pareja, además de ser una tomadura de pelo, este tipo de trato es violencia obstétrica, que es también un tipo de violencia de género.

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