Tuve una paciente de 33 años con vaginismo primario, con la que comencé el tratamiento.  Estaba muy ilusionada, porque había conocido a un chico con el que tenía muchas ganas de tener una relación completa. Él vivía en Alemania, pero estuvo por aquí un par de veces y la meta era que ella le iría a visitar, supuestamente con su afección solucionada. 

Nos habíamos puesto un margen de un mes y medio para trabajar y la verdad es que era muy disciplinada, no se saltaba ni un día el entrenamiento, ni las sesiones semanales conmigo. Sus logros eran consecutivos, muy acordes a su trabajo y sin interrupciones.

La relación con su chico se mantenía muy viva, a base de video llamadas diarias, de complicidad en el trabajo y en los proyectos comunes.  La llama de la ilusión se iba manteniendo cada vez más viva, a medida que se acercaba la fecha señalada.  Tuvo miedos, quería que saliera perfecto, así que retrasó su viaje quince días más.  En nuestra última sesión no nos quedaban dudas, ni a ella ni a mí, de que el éxito estaba asegurado.  En la despedida, me dijo “Vuelvo dentro de 15 días y haremos una sesión, para revisar cómo estoy y para contarte, cómo ha ido todo”. La vi muy feliz, con una cara radiante, rebosando esperanza, totalmente puesta en ese encuentro tan esperado.

Al cabo de una semana, llegué a la clínica una mañana y al mirar mi agenda del día, vi que estaba ella apuntada.  Primero pensé que era un error, pero al preguntar me dijeron que había llamado el día anterior para agendar la sesión.   Me sorprendió muchísimo y evidentemente pensé que algo iba mal.

Cuando entró, nos abrazamos, ella tenía los ojos húmedos y me contó la historia. Ya al llegar encontró al chico muy raro y además había invitado a un amigo, a pasar los mismos días que ella iba a estar en su casa, lo cual le pareció totalmente fuera de lugar. Estaba huidizo, casi sin hablar, les dejaba solos y tardaba horas en volver.  Laura no entendía lo que estaba sucediendo, solo tenía ganas de llorar en el lavabo, mientras en voz baja les contaba a su madre y a su hermana por teléfono, el panorama. La suerte fue tener a ese amigo cerca, ya que no la dejaba sola ni un momento y su presencia, la reconfortaba.

Finalmente pudieron tener una conversación y él le dijo que le sabía muy mal pero que aún se acordaba de su antigua novia y no podía seguir la relación.  Fue cuando ella decidió regresar al cabo de una semana y él cogió el mismo vuelo de regreso a Barcelona, porque no quería quedarse solo. Fueron en asientos diferentes y ni siquiera se despidieron en el aeropuerto.

Mi cabeza no asimilaba sus palabras, ante las expectativas que teníamos, la verdad es que me costaba entender el comportamiento de él, llamándola cada día durante dos meses. Le dije que lo sentía mucho y conversamos sobre lo que allí había sucedido, sobre las incongruencias, sobre sus emociones. Imaginé que no había habido encuentro sexual, pero en ese momento ella me contó-

Lo mejor de todo es que ya la primera noche pudimos hacer el amor con penetración, sin problemas.  Fui muy feliz y así durante 4 días.  Eran los únicos momentos que él estaba bien conmigo. Eso que me llevo, Pilar.  Por lo menos ahora sé que puedo y estaré libre de este problema si conozco a alguien.

La revisión fue fantástica, había superado totalmente su vaginismo. 

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