Cúales son los miedos más frecuentes en el vaginismo

Las creencias limitantes y los miedos van de la mano en el vaginismo, produciendo ansiedad por un lado y bloqueo por el otro.  Si soy capaz de borrar un miedo de la cabeza de mi paciente, puedo conseguir casi en el acto que avance en el tratamiento, ya que es muchísimo lo que esa emoción puede llegar a paralizar.

Los miedos van apareciendo en las diferentes etapas del tratamiento, por lo que casi diría yo que forman parte del mismo proceso de curación.  Es como si al ir subiendo la escalera de los avances, a ambos lados de cada peldaño, surgieran esas preguntas ¿y si…? que, al inicio, no permiten elevar el pie para continuar subiendo.  No es malo, si no nos quedamos ahí con el pie levantado y una vez averiguada la respuesta que tiene nuestro miedo, avanzamos en la escalera.

Lo que es curioso es que las pacientes SIEMPRE tienen las mismas dudas, la misma ansiedad y las mismas creencias. Vamos a ir viendo en qué momento surgen, así como lo que pueden llegar a frenar.

Antes de ponerle nombre

Cuando al principio del problema, ni siquiera se sabe su nombre, la mujer que suele ser muy joven, va teniendo unos pensamientos que por un lado conllevan angustia, que por otro para ella no tienen una respuesta inmediata y que en general son tristes y poco positivos. Entre los más comunes están los siguientes:

Miedo a ser rara. Suele compararlo con otras cosas que le han pasado y el pensamiento recae en “¡me pasa cada cosa!”

Miedo a ser la única en el mundo que lo tiene.  Al desconocer el origen y al no haber oído nunca hablar de este tema, tiene la seguridad de que solo le pasa a ella.

Miedo a quedarse así para siempre.  Y por el mismo motivo puede pensar que siempre va a tenerlo.

En estos tres miedos, se mezcla la falta de información, la invisibilidad del vaginismo y una baja autoestima, debida en parte a la impotencia.  El bloqueo aquí sería el de tardar a moverse para buscar información o buscarla en lugares no adecuados. Otro de los mayores problemas es el hermetismo, no contárselo a nadie, por vergüenza unas veces o por pudor.

Una vez superan esta fase, es decir que ya saben lo que les sucede, que le ponen nombre, que conocen a otras mujeres como ellas y que saben que tiene cura, pueden aparecer otros temas, que de igual manera van a generar angustia y bloqueo.  Los miedos acechan a cualquier hora, acaparando nuestra atención y congelando nuestros movimientos.

Veamos qué sucede cuando ya se ha superado la fase inicial, cuando ya sabemos qué es, que lo padecen muchas mujeres y que se cura.  ¿Qué oscuros pensamientos invaden ahora?

Cuando ya tiene nombre y apellidos:

Miedo ante la prescripción psicológica.  Suele pasar, que el profesional de la salud al que se ha consultado, le diga a la mujer que su problema es psicológico, que seguramente ha tenido algún tipo de trauma.  Suele desconcertar bastante a la paciente este diagnóstico, sumando además otro problema añadido, que es el de hurgar en la memoria, para que aparezca el momento del trauma. He podido escuchar a muchas mujeres que se quedaron atrapadas en esa búsqueda, sin poder avanzar en la terapia. Una vez comienzan a comprobar que el tratamiento físico les funciona, van declinando los pensamientos a favor de que lo suyo no tiene nada de psicológico. Pero es un bache a superar.

Miedo a que no funcione el tratamiento.  Es de todos conocida la idea de que “mira que si a mí no me funciona…” o “el otro tratamiento que hice, no me sirvió… a lo mejor este tampoco” Es del todo lógico no poner demasiadas ilusiones en el resultado, por si acaso.  Ya no se quiere  sufrir más y eso es del todo lícito.  Este pensamiento negativo va a ir perdiendo fuerza a medida que la paciente va viendo sus avances, uno detrás de otro.

Miedo a que la pareja nos deje.  Muchas veces cuando se empieza el tratamiento, ya se lleva mucho tiempo en pareja.  Hay algunas que llevan bien la situación y otras que están bastante deterioradas por el desgaste físico y emocional del vaginismo. Puede suceder que la mujer sienta una presión por el miedo a la rotura, justo cuando está empezando a tratarse y ello puede enmascarar el entrenamiento. Si la pareja se rompe justo ahí, debe ser porqué habían otras cosas a tratar, de lo contrario ambos se ayudan para resolver el problema lo más rápido posible y empatizan con el tratamiento.

Así que una vez se tiene claro qué es el vaginismo, por qué se tiene y cómo se soluciona ¿qué más miedos pueden aparecer?

Al inicio del tratamiento físico:

Miedo a no conseguir introducir nunca el dedo.  Hay mujeres que a las que les cuesta mucho introducir su dedo en la vagina, pero insistiendo en que solo es la primera falange, justo para poder masajear la entrada y desensibilizar la zona, poco a poco lo consiguen.  Pero al principio, su rechazo les hace creer que nunca lo conseguirán.  Vale la pena seguir y seguir intentando. A mí personalmente hay una frase escuchada muchas veces que me da mucha pena y es “¡qué asco me da! “cuando intentan poner el dedo en el interior de la vagina.  En muchas ocasiones he procurado entender esa reacción, pero me da mucha penita lo que significa. Puede ser debido a contextos culturales, al tabú hacia la sexualidad femenina, a tener que ser pura y casta siempre, en un patriarcado.

Miedo a no avanzar en la dilatación.  Según el kit de dilatadores que se tenga, al llegar a los de mayor diámetro, puede haber un salto importante en el tamaño de uno a otro y la paciente se puede sentir encallada.  Este tiempo en el que dura esta situación, genera angustia al pensar que no lo va a conseguir.

Miedo a retroceder en la dilatación. Hay momentos en el ciclo mensual en los que cuesta más insertarse un dilatador grande, el mismo que ayer entró sin dificultad.  Esto puede generar una desilusión y una sensación como de peligro ¿qué está sucediendo? Y debilita la motivación del entrenamiento. También el hecho de estar estresada o de tener algún tipo de problema, hará que el cuerpo no pueda relajarse.  Así que hay que saber este tipo de situaciones, para debilitar la angustia.

Al final del tratamiento

Miedo a volver a tener vaginismo. Lo han superado, pero ¿y si vuelve? ¿cómo voy a estar segura de mi inmunidad?  El disconfort vaginal puede ir de una leve situación de molestia a una imposibilidad.  Se puede dar como secundario el postparto, después de operaciones ginecológicas, tras infecciones de orina o por cándidas, en tratamientos oncológicos y en la menopausia.  LA VENTAJA ES QUE ESTAS PACIENTES YA SABEN CÓMO ACTUAR.

Estos miedos son muy comunes, pero se superan ante la realidad de los propios avances y de la resolución del problema.

Miedos fuera, empoderamiento, aprendizaje y disfrute:  Hemos venido a este mundo a ser felices.

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