Pudiera dar que pensar que, después de más de 30 años, sigo maravillándome con los cambios que van apareciendo, en los entrenamientos del tratamiento del vaginismo. Es algo que se repite y en vez de bajar la intensidad de mis emociones, por ser tan parecido al anterior, es como si cada vez adquiere una nueva dimensión, aún más potente que la anterior. Quisiera encontrar la manera de contagiar al lector y voy a intentarlo.

Podría dividir los tratamientos en presenciales y a distancia, que es exactamente la manera que tengo de acompañar a las mujeres afectadas y dentro de los tratamientos a distancia, deberíamos diferenciar los individuales o los grupales. Los tres tipos tienen unas características diferentes.

El tratamiento presencial es muy potente, debido a la cercanía y a la transparencia del vínculo que se crea. Ya en la primera sesión se empieza a crear una historia única, cada una diferente y particular. Puede ser que sea un vaginismo muy severo, o bien que se trate de un vaginismo más fácil de solucionar, pero lo que es cierto es que, a partir de esa primera cita, empiezan a ocurrir cosas especiales que van encaminadas al objetivo final. Hay procesos más lentos, en los que el simple hecho de poder mirarse la vulva, hacerse un masaje o aceptar mi masaje, ya llevan un tiempo, pero eso es también ir a por el objetivo final.

Y ahora os voy a decir esas cosas maravillosas que voy descubriendo en un tratamiento. Que podamos pasar de “no soporto esa imagen de mi cuerpo” a “ya no me causa una mala impresión, al revés, me gusta” Creo que ese proceso de cambio, es mucho más que acostumbrarse a algo nuevo, es adoptar a esa parte olvidada del cuerpo y es el inicio de una metamorfosis. Lo mismo sucede con la primera impresión de su masaje en la entrada vaginal, relatado como algo molesto y desagradable a cambiarlo posteriormente por “ya casi no me molesta ni me escuece” Y no digamos con lo que sucede entre mi primer masaje y los posteriores, prácticamente normalizados.

Todos esos cambios, en ocasiones más rápidos y otros más lentos, van acompañados de unos positivos cambios de humor y de estabilidad emocional. Las mujeres regresan al tratamiento, en cada sesión, con una fuerza especial.  Y si alguna vez el proceso es más lento, puede ser que se preste a trabajar alguna creencia limitante, lo cual va a ayudar mucho en otros ámbitos, también.

Para mi son unas heroínas, a las que acompaño y guío pero que todo lo consiguen gracias a su esfuerzo personal.  ¡Son todas unas cracks! Ver como una mujer comienza temerosa, insegura, creyendo que no tiene recursos para superar el vaginismo, a que descubre que está saliendo del túnel y tiene fuerzas para seguir con entusiasmo, es algo que cada vez que sucede y soy testigo de ello, me entusiasma, me maravilla.

Lo mismo sucede con los dilatadores, que al principio pueden verlo como algo casi imposible y en poco tiempo, van accediendo a tamaños mayores, disfrutando del camino, además de acercarse al final del tratamiento.  Ese primer día de “seguro que no puedo ponerme el más pequeño, nunca he podido introducirme nada…” a podérselo poner ellas solas y a veces también el segundo dilatador y exclamar “no me lo puedo creer” sigue siendo para mi como un milagro.  Ver sus rostros emocionados, me sigue conmoviendo como el primer día.

Las mismas cosas suceden con los tratamientos a distancia que, en ellos, sigo percibiendo con gran entusiasmo, los cambios que día a día van aconteciendo. En ocasiones preciso un poco más de estrategia, al no poder “ver “  lo que sucede y “traducir” lo que me cuentan sobre sus entrenamientos, sus dificultades y sus dudas. Pero a pesar de que la manera de abordarlo, es diferente de los presenciales, sigue habiendo esa magia especial que surge de los avances, del no pude al puedo, que me emociona al ver que se van acercando al final y todo gracias a su información, a su coraje y a su disciplina.

Cada día me doy cuenta, del privilegio que he tenido al haber vivido tantos momentos maravillosos, al lado de estas mujeres, que han depositado su confianza en mi voz de lucha contra el vaginismo. Y ahora mismo he tenido como un déjà vu, al revivir estas emociones. Me sucedía lo mismo, cuando muy joven, en mi trabajo de enfermera de partos, seguía disimulando mis lágrimas en cada nacimiento que veía, haciendo reír a mis compañeros de quirófano.  Lo mismo daba el número de partos que hubiera visto, cada uno era único, cada mujer era la heroína de la historia y cada bebé la princesa o el príncipe del cuento. Doy gracias por haberlo podido ver y por vivirlo así.

Ahora solo falta contagiar a las mujeres, del entusiasmo por su proceso, como gran oportunidad de aprendizaje, no solo en los cambios corporales, sino también en sus sensaciones de empoderamiento y triunfo.  Aquella frase de “ no sé qué pasará, pero tengo una gran curiosidad por saberlo” debería guiarnos en todos nuestros proyectos.

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