Una der las características de comportamiento de las mujeres con vaginismo, precisamente, es el silencio que guardan sobre su afectación. Durante todos estos años de mi trayectoria profesional, he podido comprobar que esto sucede en gran medida y también he estado estudiando el por qué.
En la primera sesión siempre pregunto, si lo sabe alguien de su entorno y la mayoría dice que nunca se lo ha contado a nadie, salvo al ginecólogo o al psicólogo. Este detalle nos hace pensar que le dan cierto valor al hecho de decirlo a profesionales de la salud. O también que los únicos que lo saben, son sus parejas, lo cual siempre me produce una extraña sensación, ya que es algo muy obvio, pero ellas siguen valorando, que sí lo sabe alguien más.
Aparte de los profesionales de la salud (ginecólogo, matrona, psicólogo, sexólogo) y parejas ¿con quién hablan o podrían hablar?
Con la madre, con una hermana, con una amiga, con un amigo o con un desconocido.
Generalmente la madre es una persona cercana, en la que se puede confiar y sobretodo hablarle de problemas de salud, como es el vaginismo. Ahora bien, hay varios tipos de relaciones con la madre, la que se generó con la que no hizo caso del problema cuando se le contó en un inicio, la que da respeto por sus ideas religiosas y la que da pena por si sufre al saberlo. Después está el tiempo transcurrido, quiero decir que, si la chica es joven, aún caben posibilidades de que lo cuente, pero si han pasado los años sin contarlo, después se teme que la madre se enfade por no haberlo hecho antes o que sufra al saberlo.
Sincerarse con la madre, suele proporcionar un gran bienestar, siempre que la relación sea buena. Es como un gran descanso, me han dicho muchas veces y a la vez, una manera de implicarla, por ejemplo, en el tema de la maternidad. Algunas mujeres escuchan con sufrimiento aquellas palabras de “¿Cuándo os vais a decidir a ser padres?” Así que con la confesión pueden cambiar completamente el discurso familiar. Muchas veces me han dicho que fue la mejor decisión, explicarlo a su madre. Y yo les digo que también un acto de valentía. En ocasiones se han encontrado con la revelación de que la madre también sufrió vaginismo y con el regalo de cómo lo superó.
Cuando las chicas son muy jóvenes, a menudo acuden a consulta con su madre, sobretodo la primera vez.
¿Y contarlo a los padres, a los dos a la vez? En una ocasión eso es lo que hizo una chica el día antes de tomar un avión con su pareja, para venir a hacer un intensivo conmigo. Lo que sucedió fue que su padre se enfadó mucho y le dijo que siempre había sido muy rara. La chica estaba desecha. Pero pasaron dos días y el padre la escribió pidiendo disculpas, anunciando que pagaría él la terapia y deseándole mucha fuerza. a la vez de pedirle saber a diario su evolución.
Explicarlo a una hermana, puede ser también muy liberador, teniendo en cuenta siempre, igual que antes, que la relación sea buena, estrecha y cordial. Las hermanas que se guardan complicidad son ideales para el seguimiento del entrenamiento y para animar en algunos momentos más bajos. También algunas veces han sabido que a ella le pasa o le pasó lo mismo. Vale la pena entonces sincerarse.
Contarlo a la amiga es una gran tentación, ya que no es familia y no implica ese miedo a que se sepa en jun entorno tan cercano y comprometido. ¿Qué puede suceder? Algunas veces se sufre una gran decepción porque no lo entienden y dan consejos tipo “relájate” “tómate una copa de vino” “eso es que no estás enamorada” y cosas similares. O sea que no ayuda demasiado, incluso las hay que nunca más vuelven a preguntar sobre el tema. También es cierto que se puede encontrar una amiga empática que ayuda, que se implica y que sigue el proceso con cariño. Pero sea cual fuere el resultado, el solo hecho de exponerlo, de sacarlo a la luz, de quitarle el sello de secreto, supone un descanso.
Lo de explicarlo a un desconocido, lo digo porque alguna vez he sabido de ello. Recuerdo que un día, hace tiempo, al salir de la sesión le dije a mi paciente, que le iría bien explicarlo a alguien. Fue muy gracioso porque me escribió esa misma noche diciéndome que en la farmacia pidió un aceite íntimo concreto y el farmacéutico le preguntó si lo usaba por tener infección de orina. Y ella me dijo “Pilar, he sido muy valiente y le he contestado que no, que lo uso porque tengo vaginismo. Se ha quedado muy parado… ¡Ya se lo he contado a alguien y además a un profesional de la salud!!!”
¿Y qué sucede si lo explican a un chico con el cual solo han salido un par de veces, pero hay interés por ambas partes? Ahí la suerte está echada, o se gana un cómplice maravilloso o nunca más se vuelve a saber de él.
Abrirse, explicar lo que no sucede, siempre es terapéutico y además así damos a conocer el vaginismo a la sociedad.