Lo que está claro es que, si trabajas, puedes conseguir llegar al objetivo, de manera muy directa. Ahora bien, lo que tardes en conseguirlo, va a depender en gran manera a tu actitud, ya en el inicio del tratamiento. En todos estos años he visto muchísimos perfiles de pacientes con vaginismo, sus caracteres diferentes, sus modos de proceder, pero me llama la atención sobre todo, cómo se enfrentan al inicio del entrenamiento en el tratamiento. Es muy curioso cómo se van repitiendo las diferentes formas de afrontar el camino, que se tiene delante. Vamos a estudiarlas y veremos los resultados que de ellas se desprenden.

Está la paciente que se lo toma con calma y se dice a sí misma “iré viendo cómo va”. Generalmente comienza bien su primera visita, pero no repite sesión hasta pasados muchos días, incluso puede llegar a transcurrir más de un mes.  No compra los utensilios que necesita, escudándose en que está muy liada de tiempo, que no los encontró en su primera búsqueda, que los ha visto en foto y no se siente capaz de utilizarlos, o pone cualquier otro pretexto, cuando se le pregunta la razón. Es decir que no arranca con el tratamiento.  Si se le pregunta si desea conseguir su objetivo, dice que sí, categóricamente, aunque puede parecer que no coincide con su forma de actuar.

Este perfil de paciente puede tardar meses o bien años, en conseguir terminar con su problema. Lo cierto es que mientras, lo pasa mal, se siente vulnerable, insatisfecha y con baja autoestima. Las causas de su comportamiento las podríamos buscar en alguna de sus creencias limitantes, en su miedo o angustia y a veces en el hecho de no tener pareja en ese momento, ya que no le da tanta importancia a poder hacerse una revisión ginecológica. Sea lo que fuera, lo importante es averiguar a qué se debe su parálisis y buscar la manera de arrancar en el proceso.  Se queda ahí.

Otro tipo de paciente es la que dice o piensa “me lo voy a tomar con calma”, si he tardado tantos años, no tengo por qué correr ahora.  Es la que hace la primera sesión muy interesada, que compra todos los utensilios que se le dices, que lee el Cuaderno de la Vaginista con mucha atención y que se queda ahí, días y días. Es decir que, si el proceso es mirarse con un espejo la vulva, hacerse masaje y empezar con dilatación o vibración, ella se queda con el masaje durante días y no pasa a más acciones.  Le gusta ser dueña de lo que hace en todo momento y prefiere no avanzar, asegurarse de que lo que hace está bien hecho.

Como ejemplo, relato una segunda visita a una paciente.  Pasaron tres semanas desde su primera sesión y al preguntarle al inicio de la sesión cómo le había ido y en qué punto estaba del tratamiento, me dijo que seguía con el masaje en la entrada de la vagina.  Pensé que no había recibido el material, pero me dijo que ya tenía los dilatadores y el vibrador.  Entonces “¿Cómo es que no has empezado a tener curiosidad?“  “Bueno, este fin de semana estuve sola y no me apeteció” Tardé tiempo en poder entender lo que me quería decir y la conclusión fue que tenía miedo a sentir dolor.  Cuando la animé durante la sesión, ya que ella misma pudo ver como entraban los primeros dilatadores prácticamente sin molestia, prometió que iba a entrenar cada día con los nuevos elementos.

El hecho de avanzar lentamente puede estar bien, siempre que sea sin prisa, pero sin pausa. Si no puede suceder que se eternice el entrenamiento, también en este caso, como en el anterior.

Tenemos un tercer perfil de paciente, que ya desde la primera sesión, se compromete a trabajar todo lo que pueda. Son personas que trabajan y avanzan, de forma continuada y se obtienen resultados, pero su entrenamiento está supeditado a estar siempre en segundo plano, respecto a las exigencias de su vida familiar o profesional. Es decir, que mientras todo fluya en su vida, se comprometen a trabajar, pero ante cualquier suceso, dejan de entrenar. Pueden ser unos exámenes o un contratiempo en el trabajo.

Cuando intento ayudar en estos baches, precisamente para que no se dilate en el tiempo, les propongo que se levanten media hora antes o que fraccionen el entrenamiento a su medida más cómoda. Si no lo hacemos así, se van acostumbrando a parar el entrenamiento, cada vez con más asiduidad, diciéndose que tienen cosas más importantes que hacer.

De nuevo, vemos como una dualidad, entre lo quiero, pero tengo muchas cosas importantes en mi vida y esta no es la primera y esto puede también terminar en un entrenamiento largo y a la vez algo desanimante.  

 Y la ganadora del concurso sería aquella paciente que, desde el primer momento, se propone a darle prioridad, ante todo.  Esta decisión y la postura en el inicio ya del tratamiento, la va a llevar al éxito rápido y seguro. En muy poco tiempo va a conseguir llegar al objetivo y además con una gran autoestima, que es la que se produce cuando una hace lo que quiere hacer.  Y sé a ciencia cierta que muchas veces hacen grandes o pequeños sacrificios, porque han enfocado el problema con una gran luz que ilumina o incluso deslumbra, restando importancia a lo que hay a su alrededor.  

Este tipo de procesos son muy agradecidos, si se plantean de forma continuada y con constancia.