Estos días hemos estado nutriéndonos de múltiples informaciones sobre este hecho, que no ha cesado de concretarse en los últimos años, a pesar de tantos cambios mediáticos y culturales. En mis andaduras de más de treinta años, se puede adivinar que he escuchado y visto muchísima violencia contra las mujeres. En el ámbito que nos ocupa, el vaginismo, en primer lugar, debemos tener en cuenta que el hombre no entiende qué es y los profesionales de la salud, a pesar de serlo, se escudan en las viejas escuelas que lo describen y lo tratan como una enfermedad mental. Voy a desglosar estas violencias según los personajes que han estado cerca de estas mujeres: padres, amigos, novios, maridos y ginecólogos.
Cuando una mujer tiene vaginismo, lo primero que hace es ir al ginecólogo para que le expliquen qué tiene, a qué se debe, si es grave o si lo puede ser más adelante. Es decir que acude a la visita médica con grandes expectativas, incluso la de ser explorada, cosa que duda, pero que piensa que a lo mejor “ellos” saben cómo hacerlo. Y lo que se encuentra en la visita es una terrible decepción, porque por un lado no la pueden explorar, por otro lado, la derivan al psicólogo y por, y para rematarlo, en ocasiones se encuentra con la guinda de frases totalmente inapropiadas en labios de un médico. Por ejemplo ”tómate una copa de vino” “relájate” “no tienes nada, todo está en tu cabeza” “quizás tu novio no te gusta lo suficiente” y la última que escuché la semana pasada de mi paciente fue “no sé cómo tu marido puede aguantar esta situación y no te ha dejado ya”. Estos profesionales de la salud, además de haberse quedado anclados en la idea de que el vaginismo es una enfermedad mental, tienen la osadía de decir que la mujer “no tiene nada” cuando si ni siquiera la han podido explorar. Dan por hecho lo que tiene y lo que no tiene. ¿Nos podemos imaginar la situación con un hombre? Un hombre va al médico porque tiene problemas de erección, por ejemplo y le dicen “tómate una copa de vino” “relájate” “no tienes nada, todo está en tu cabeza” “quizás tu novia no te gusta lo suficiente” “no sé cómo tu mujer puede aguantar esta situación y no te ha dejado ya”. Estos profesionales de la salud, además de haberse quedado anclados en la idea de que el vaginismo es una enfermedad mental, demuestran no estar al día en temas de rehabilitación. Hace ya años que los medios de comunicación divulgan los tratamientos físicos del vaginismo y en los congresos de ginecología también se habla de ello.
Evidentemente que no serán así todos los médicos, pero a la vista está que los hay más negativos que positivos en el campo de la fisioterapia. Sucede otro tanto con los sexólogos y psicólogos, ya que la mayoría intentan curar a la paciente con sus tratamientos y son muy pocos los que la derivan a la fisioterapeuta o recomiendan acciones más físicas. Hablemos ahora de los compañeros, novios, maridos, ligues etc. De entrada, generalmente no entienden absolutamente nada de lo que le pasa a la mujer, o bien porque nunca lo han escuchado o porque se escapa a su realidad de lo conocido. Pasan por épocas diferentes, desde la espera paciente, pensando en que se arreglará pronto, a momentos de rabia cuando empiezan a barruntar que quizás la mujer no lo está poniendo todo de su parte, llegan también a pasar por un cansancio, por un agotamiento que les hace no pensar en ello y evitarlo, pero en todas esas fases pue de haber momentos de enfrentamientos con la situación, donde pueden expresar ira. Y de ahí nacen frases como “tú ya estás bien como estamos, porque no te interesa para nada nuestra sexualidad” “no te lo voy a pedir más, ya me buscarás, aunque entonces no sé si me vas a encontrar” “eres una niña malcriada que siempre hace lo que quiere y no te importa ver que lo paso mal” Además de las palabras cargadas de violencia, están las actitudes que demuestran el enfado y malestar de esos hombres que no son recompensados con lo que ellos creen que es obligatorio: el sexo con penetración. Me han contado muchas mujeres que además de los momentos fallidos del coito y el mal humor que generan, está el día a día con gestos, caras o contestaciones inadecuadas que nada tienen que ver en el momento, pero que está más que entendido que se deben al problema de fondo. Estos ejemplos se dan en novios o maridos. Si hablamos de ligues o citas, podemos comprobar que a la que se enteran del problemilla, desaparecen, dejando muy claro que sin “eso” no tienen ningún interés.
He conocido a madres de chicas con vaginismo y tengo que decir que algunas, se han puesto muy de parte de los hombres, está claro que es por la cultura y la educación. Pero, he conocido a pocos padres y uno de ellos se enfadó muchísimo cuando su hija se lo contó, alegando que siempre había sido muy rara para todo. Huelga decir que la hija se fue de la casa paterna muy enfadada. Cuando llegó de su ciudad a mi consulta, no pudo evitar contármelo llorando. A los dos días de su tratamiento intensivo, la llamó el padre pidiendo disculpas, interesándose por el tratamiento y le dijo que él quería regalarle el costo del tratamiento y necesitaba que le tuviera al tanto cada día de sus avances.
Por suerte hemos conocido a hombres que nada tienen que ver con lo aquí expuesto, pero que sin duda hay que hablar de esa violencia que tantas mujeres sufren en el contexto de vaginismo, para sumarla a las humillaciones, vejaciones y autoridades que hemos venido sufriendo toda la vida. Lo indignante es que aún suceda y peor aún, que muchas mujeres casi se creen que sus hombres tienen parte de razón.