Está comprobado que, si cogemos un hábito durante un tiempo y somos capaces de mantenerlo, no solo vamos a conseguir perfeccionar aquello que nos hemos propuesto, sino que, además estaremos trabajando para desarrollar habilidades, de cara a nuevas experiencias, a nuevos proyectos, a otras concreciones de aprendizajes.
Para comprometernos a hacer una rutina, en primer lugar, debemos o bien necesitar unos resultados, a corto o a largo plazo o bien desearlos para nuestros fines. Puedo entrenar o estudiar para conseguir terminar una carrera, para obtener el título de conducir, para conseguir estar en forma física o para conseguir mi objetivo sea cual fuere, de cara a unas necesidades personales, ya sean prácticas o tengan un resultado que me proporcione bienestar y alegría.
Comprobado está que las rutinas cortas y repetidas en el tiempo, suelen dar unos buenísimos resultados. Algo practicado a diario, con disciplina, nos aporta unos resultados siempre satisfactorios, pero no solo es eso, sino que además, la experiencia se vive de forma muy satisfactoria, aporta ilusión y seguridad y consigue que se ame dicha rutina. Es decir que posee todas las características para tenerlo muy en cuenta, a todas las edades: con ella se consiguen siempre resultados satisfactorios, se tiene ilusión cuando llega el momento del entrenamiento, y además la experiencia empodera y prepara para otro tipo de aprendizajes. ¡Lo tiene todo!
He podido verificar la certeza absoluta de estas afirmaciones, la cual me ha hecho reflexionar sobre el detalle de que unas rutinas contagian a otras rutinas. La persona que está haciendo cualquier entrenamiento de forma diaria, probablemente esté en condiciones de asumir otra, sin demasiado esfuerzo. La condición para que ello se dé, sería la siguiente: necesidad de resultados (es decir que haya una fuerte motivación) En segundo lugar, yo diría que el momento vital en el que la persona vive esta situación, también tendrá importancia, pero con ello no quiero decir que se disponga de más tiempo del habitual, porque el tiempo no se tiene, se crea.
No hace mucho, hablaba con una amiga, sobre estos temas y ella me confirmó la teoría, tanto la de Kumon (método japonés basado en el aprendizaje corto y diario) como la que me ha hecho reflexionar últimamente sobre que unas rutinas cortas pueden contagiar a otras. Y esto puede parecer algo obsesivo, pero lo cierto es que funciona. Así pues vamos a ver como esta mujer se puso en marcha y acabó haciendo rutinas cortas cada día, basándose en necesidades, pero también en la ilusión al comprobar resultados muy inmediatos.
Todo comenzó con una espirometría, solicitada por ella misma, al comprobar que no era capaz de soplar hasta el final, en una prueba rutinaria de alcoholemia. La prueba médica aclaro, que efectivamente su capacidad respiratoria estaba bastante limitada. Siguieron con más pruebas y en el TAC se vió que existía una fibrosis pulmonar con atelectasia, que es una especie de cicatriz, seguramente debida a una antigua lesión. El neumólogo le recetó inhaladores, a los que ella reaccionó con una disfonía severa, que durante unos días la dejó sin poder hablar. No contenta con la explicación de que “suele pasar” pidió cita con un otorrino y allí vieron que tenía una cuerda vocal muy delgada y eso la provocaba la afonía. Le recomendó hacer logopedia.
Con toda esta situación descubierta en pocos días, empezó a actuar para poder hacer frente con responsabilidad, a sus dolencias. Aparte de la medicación, le recomendaron ejercicios respiratorios y logopedia. Así que se organizó y además de trabajar, fuera y dentro de casa, se marco unas rutinas cortas y diarias, que en principio me dijo que no le suponían tanto esfuerzo y en cambio la hacían sentir muy bien, con resultados visibles.
Cuéntame qué haces y riendo me contestó “No te lo vas a creer. Empecé con los ejercicios respiratorios por la mañana, levantándome 15 minutos antes, pero a esto en pocos días le sumé otros ejercicios chinos, sobretodo para expandir la caja torácica, así que en total son 25 minutos. Después de desayunar, durante 10 minutos, hago los de logopedia e Intento caminar los 10.000 pasos diarios, aprovechando trayectos, que me lo permiten. ¡Creo que nunca me había dedicado tanto tiempo! Qué maravilla de organización- le contesté. ¿Y lo haces con ganas? “Sí, con mucha ilusión porque he ido viendo muchos avances. Cuando me levanto por la mañana, no me cuesta nada ponerme a entrenar, al contrario, lo deseo. Y la logopedia también la hago con muchas ganas. Y ahora te vas a reír, pero he encontrado una nueva rutina que me ha enganchado y es el yoga facial 5 minutos antes de irme a la cama. En el cuarto de baño, con la cara lavada y después de ponerme la crema. He visto que tiene mucho sentido para mí, que me va a ayudar con los músculos que están relacionados con la voz”
Esta mujer, preocupada por su salud, lejos de agobiarse, se trazó un plan factible para ella, que no la distorsionara demasiado en el día a día y consiguió realizarlo con ilusión, y pudiendo ver resultados en poco tiempo. Su rutina fue: 25 minutos solo levantarse, para los ejercicios respiratorios y para el tórax. 10 minutos después de desayunar, para la logopedia, reprogramar los trayectos para ir al trabajo y hacerlos andando y 5 minutos antes de acostarse, para hacer yoga facial. Todo ello, se ha de decir, reforzado con las sesiones de fisioterapia respiratoria y de logopedia, donde al principio le enseñaron los ejercicios que debía hacer.
Ni qué decir tiene, que toda esta experiencia me le he llevado al entrenamiento del vaginismo y propongo lo mismo, rutinas cortas y diarias. Por ejemplo, masaje en la entrada de la vagina después de la ducha y antes de ir a la cama. Rutina de dilatadores de 15 minutos al día. Masajeador o vibrador 10 minutos al acostarse.
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