Porque a nuestra sociedad le faltan las cualidades de María

María y su sabiduría natural

Poco a poco, su cuerpo fue cambiando, casi sin que se diera cuenta ni hubiera hecho nada voluntariamente, hasta que un día despertó maravillada, al descubrir las nuevas formas que la acompañaban.

Aquel día soleado, María fue paseando hasta el rincón más escondido del bosque, aquel lugar que le hacía sentirse bien con ella misma, escondida de los ojos del mundo, para descubrir sus nuevos atributos en su cuerpo de adolescente.  Con mucha cordura, se desnudó delante del espejo del río.  Con curiosidad, vio su imagen temblar sobre el agua, mientras un conocido cosquilleo le recorría todo el cuerpo, yendo y viniendo, como el vuelo incierto de las mariposas. 

Por un instante, el agua se detuvo, destacando sus ojos asombrados, mientras miraban la belleza de sus pechos exaltantes.  Le gustaron aquellas formas redondas, llenas de decisión, con una presencia desafiante.  El ombligo, centro de la firmeza de su vientre, le recordaba a un ojo celador, diseñado para guardar los misterios ocultos de sus órganos. Fue bajando la vista hasta pararse en el inicio de sus piernas, encontrando la imagen de un rincón íntimamente bello. Le sorprendió aquel dibujo bilateral, como si fuera un molde de flores y hojas, regaladas por la medre tierra.

Cuanto más metida estaba en su deseo explorador, el río volvió a temblar, desfigurando las formas de su cuerpo, de manera que lo mejor era dejarse llevar por las aguas, fluyendo con las imágenes, descodificando los mensajes que le enviaba el río. Se alargaba su cara, s estiraba sobre su cuerpo… era como mirarse en un espejo de aquellos mágicos, a los que les gusta que te veas de todas las maneras más grotescas posibles.  Nada grotesco le pareció a María contemplar en la trémula agua, salir leche de sus pechos, hacerse grande su abdomen, sentir bajar un rayo de vida por su vagina.  Cuanto más abría los ojos, más alocadamente se comportaba el agua del río.

Fue bajando su mano para dirigir el dedo al agujero furtivo, con mucho cuidado, descubriendo el punto conector entre el conocimiento y el misterio, pero no pudo entrar dentro de su vagina.  Sin tener nada claro si esto les pasaba a todas las chicas o solo a ella, se inquietó.  “Por aquí tendrá que entrar un tampón”, “por aquí deberé sentir placer”, “por aquí deberán nacer mis hijos”

– “Tienes que ponerte a trabajar…”-  fue lo que le dijo su inconsciente

Y desde aquel día, muy decidida a luchar contra el hermetismo de aquel orificio, prácticamente inexistente, se hacía masajes cargados de energía y de ternura a la vez.

Día a día, noche a noche, iba comprobando como la apertura ganaba espacio permitiéndole el viaje hacia el interior de su cuerpo, tal como decidió hacer en aquel momento que las aguas del río la van ayudar a abrirse hacia su identidad de mujer, para poder hacer todo aquello que quería hacer con su cuerpo.

¿Qué te ha parecido este cuento? Al principio os he dicho esto: Por qué tenemos miedo a conocer nuestros cuerpos

Porque a nuestra sociedad le faltan las cualidades de María.  ¿Y eso?  Pues analicemos, María tiene una conexión con su cuerpo, o mejor dicho con la naturalidad del cuerpo.  En cambio, nuestra sociedad nos genera pudor, una anodina sexualidad,  nos dice que no nos miremos, que no nos toquemos, que nosotras mismas no somos nadie para averiguar cosas sobre nuestro cuerpo o nuestro sexo. Que ya nos dirán las personas pertinentes lo que debemos hacer.  ¿Estáis de acuerdo?  Podemos llevar estas afirmaciones, a nuestro embarazo, nuestro parto e incluso a nuestra sexualidad.

Otra cosa que vemos en María es la aceptación hacia su deseo, hacia el deseo femenino, como algo positivo y natural. Se han etiquetado a las mujeres de “ligeras” o “frescas”, si daban la imagen de disfrutar con su sexualidad.  Suerte que estamos ahora mismo on fire con el Satisfyer, hablando, riendo y ventilando nuestro placer con las amigas e incluso en el trabajo. Pero, no obstante, no nos engañemos, estamos a años luz de María.

Y algo crucial, definitivo, que ella nos dice en el cuento, es que se sorprende cuando su vagina no cumple con las fisiología, la que la llevará a la normalidad, a dejarse explorar o a dar paso a un embarazo.  Y es entonces cuando decide por su cuenta, como propietaria de su cuerpo, tratar esas anomalías, para ser libre. ¡Ella sola va a tratar su vaginismo!  

Ella es una adolescente que se torna curiosa respecto a su cuerpo y que decide lo que hará con él.  Puede ser cualquier mujer normal, sin prejuicios, nacida en cualquier ciudad o pueblo o rincón del mundo. Una muchacha curiosa, natural, pura, sin maldad, sin ideas limitantes, abierta a la verdad, con el coraje suficiente para encontrar soluciones por ella misma.

Dedicado a todas las mujeres, de todas las edades, Marías o no, y a las madres de otras Marías para que inculquen en sus hijas el empoderamiento femenino.  Juntas, poco a poco podemos cambiar el mundo de la mujer! 

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